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Tinta y Resistencia: La Piel como Lienzo de la Libertad de Leidy Mora

Leidy

La vida de Leidy Mora no ha sido un trazo lineal, sino una obra que ella misma ha tenido que diseñar sobre la marcha. Criada en la localidad de Santa Fe por su tía, a quien llama Mamá y con quien creció bajo su amparo cuando ella apenas tenía 18 años, edad que no fue impedimento para decidir rescatarla del vacío dejado por una progenitora ausente debido a la drogadicción.

Ese espíritu de lucha la llevó años después a explorar mundos lejanos: fue modelo webcam, atravesó un matrimonio fallido con un estadounidense al que fue a conocer en Japón, desafiando al destino. Sin embargo, el verdadero giro ocurrió al regresar y decidir continuar su vida con su máquina de tatuar; para ella, la libertad que le dio este oficio no se la ha dado nadie, pues en la tinta encontró el lugar donde finalmente puede ser ella misma.

Leidy

Empezar en el arte corporal fue un camino crudo, cobró su primer tatuaje en 70 mil pesos, lidiando con la urgencia de quien debe tatuar para comer y comprar materiales mientras perfecciona una técnica que, al principio, no dominaba. El camino estuvo plagado de prejuicios; enfrentó el rechazo de clientas que no querían ser tatuadas por una mujer y el estigma de quienes esperaban poco de ella.

Hoy, Leidy ha callado bocas demostrando que para las mujeres nada es imposible: es una emprendedora que lidera cuatro empresas y utiliza su influencia para promover la ética y el feminismo en el gremio, garantizando con su talento una educación de calidad y un estatus digno para su hija, Terra Wanlesberg.

En su día a día, Leidy rompe esquemas sobre la crianza y la familia. Al lado de su pareja, un argentino que es el padre de Terra, defiende una postura radical de igualdad; rechaza tajantemente que se diga que él “ayuda”, pues lo considera un deber compartido.

Leidy

Aunque ha enfrentado juicios por su apariencia y su forma de educar, ella reivindica su derecho a criar bajo sus propios valores, convirtiendo la maternidad en un gesto de resistencia frente a los prejuicios. Aquella joven que soñaba con una vida sencilla, tener una casa con muchos perros, hoy a sus 30 años es una mujer capaz de todo.

Su historia no es excepcional. Leidy hace parte de una generación de mujeres que están rehaciendo las reglas. En Bogotá, mientras ella diseña sobre la piel, también dibuja su propio destino. Y en ese gesto cotidiano —trabajar, criar, decidir— se va creando algo más grande, una ciudad donde la igualdad se vuelve costumbre para las mujeres.

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